Posturas de Meditación




Si estudiamos las posturas de meditación desarrolladas por las grandes tradiciones de la sabiduría, destaca que todas ellas tienen algo en común, la estabilidad inquebrantable de una montaña o un árbol. Las posturas se basan en una base amplia, que parece estar profundamente enraizada en la tierra. Después de varios milenios de experiencia, los grandes maestros reunieron un puñado de posturas tradicionales que parecen funcionar especialmente bien. A pesar de parecer bastante diferentes, estas posturas tienen una cosa en común: la pelvis se inclina ligeramente hacia delante, acentuando la curvatura natural de la región lumbar y la columna permanece siempre en posición vertical, sin tensión.

En general, la postura más común es la de sentarse sobre un cojín, con las piernas cruzadas. Sin embargo, para los principiantes esta postura puede ser incómoda. Si este es el caso, una buena solución es sentarse en una silla, con los pies apoyados en el suelo, con la columna recta, de preferencia sin apoyarla.

Por último, también puedes meditar tumbado. En esta postura el cuerpo estará entregado totalmente a la gravedad, sintiéndose en contacto con el suelo. Las piernas pueden estar separadas a la altura de los hombros, con los pies sin peso, con los dedos apuntando ligeramente hacia fuera. Los brazos ligeramente abiertos y las palmas de las manos pueden estar hacia arriba. El cuello deberá estar estirado, recogiendo suavemente la barbilla en dirección al cuello. Y la cabeza apoyada en una almohada o cojín.

Independientemente de la postura que adoptes, deja tu cuerpo reposar a gusto, con la columna recta, pero no rígida.

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